· “La condición de los menores víctimas del maltrato y el abuso sexual en el México actual”.
· “Maltrato al niño trabajador”.
Primeramente, debemos dejar en claro que el maltrato y el abuso sexual se deben manejar como dos cosas totalmente diferentes, pero que ambas tienen mucha relación e impacto en nuestra sociedad actual, tanto en la región del Istmo, como en el estado de Oaxaca y en todo México.
El maltrato a los menores es considerada como una enfermedad social la cual se encuentra presente en todos los sectores y clases sociales, producido por diferentes factores que afectan el desarrollo armónico, e íntegro del menor y que ciertamente ponen en grave riesgo su desenvolvimiento dentro de una sociedad, tanto a nivel personal como a nivel profesional.
El abuso sexual se puede presentar en cualquier acto ejecutado por un adulto o adolescente que se vale de un menor para estimularse o satisfacerse sexualmente. Ambos problemas, han marcado gravemente la vida de muchos niños y niñas en México, sobre todo en épocas pasadas, pero sin dejar de mencionar nuestra vida actual.
Los niños no tienen la culpa de que personas enfermas y trastornadas abusen tanto física como sexualmente de ellos, recordemos que cuando esto ocurre les cortan las alas a personas indefensas que no están preparados psicológicamente ni tienen la suficiente madurez para poder asimilar ambas situaciones, mucho menos para soportar los traumas que estos actos dejan, los cuales con el paso del tiempo revivirán en su vida.
“Los niños son la esperanza y futuro de nuestro país, y no es posible que se les corten las alas y se les desmoronen los sueños e ilusiones que durante la infancia se tienen”.
Existen algunas situaciones desventajosas que propician e incrementan la vulnerabilidad del niño hacia el maltrato y el abuso sexual:
· Primeramente, que el niño o niña este informado sobre los derechos que posee y sobre los factores que los ayuden a reconocer el peligro.
· De igual forma, la posición que ocupan dentro de la sociedad, puesto que los menores pertenecen al mismo círculo social en el que se encuentran los abusadores (casa, escuela).
· Son más pequeños que los agresores, y por ende, menos fuertes para imponerse sobre el mismo.
· Se ven obligados a obedecer lo que los demás les digan y obliguen a realizar, puesto que, desde pequeños fueron inculcados a obedecer y a respetar a los mayores.
· Están conviviendo con su agresor (hogar, escuela) y estos pueden ser: maestros, padres, abuelos, primos, tíos, etc.
Por otra parte se puede decir, que el trabajo infantil podría estar estrechamente ligado al maltrato y al abuso sexual, ya que, el menor, por tratar de ganarse un poco de dinero para solventarse a sí mismo y a su familia, puede estar expuesto a diferentes tipos de extorsiones por los mismos patrones, para ejercer actos denigrantes y así afectar a su desarrollo personal, físico, psicológico, emocional y hasta sexual, igual pueden crearse trastornos, en lo moral, ya que difícilmente podrán incorporase y relacionarse con la sociedad y en ocasiones no podrán distinguir entre lo bueno y lo malo.
El trabajo es considerado digno de una persona, ya que pueden ayudar a la formación y capacitación de los niños, en su organización, enseñanza y disciplina, pero siempre y cuando se desarrolle en condiciones normales y en determinado tiempo, es decir, que el trabajo sea algo digno, bien visto y se establezca conforme lo estipulado en la ley, si excederse en el tiempo de la jornada, en la cantidad de trabajo y que no impulsen la explotación del niño trabajador.
A manera de conclusión, se puede decir que el abuso independientemente que los actos se realicen con o sin el consentimiento del menor, pues carece de madurez, siempre va a ser considerado como un abuso hacia su persona, puesto que se carece de un desarrollo cognitivo, lo cual se requiere para poder evaluar las consecuencias.
Tanto el maltrato como el abuso sexual afectan a toda la sociedad, pues, se producen sin importar raza, credo, sexo, edad o clase social, y por lo tanto, pueden dañar el desarrollo psicológico y emocional del menor.
De igual forma, estos dos factores se propician generalmente en sitios donde el menor está la mayor parte del tiempo como la casa, la escuela, etc., y son atacados generalmente en su lecho familiar por (padres, tíos, primos, hermanos, maestros y demás conocidos de la familia).
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